COMUNIDAD Amazige - Com. Musulmana

ORIGEN E HISTORIA DE COMUNIDAD AMAZIGE DE MELILLA

La cultura amazige hunde sus raíces en las poblaciones originarias del norte de África. El término amazigh se emplea en singular, mientras que imazighen designa a su plural. La lengua y sus diferentes variedades reciben generalmente el nombre de tamazight. Aunque durante mucho tiempo se utilizó la denominación «bereber», hoy se prefiere el nombre con el que estas comunidades se reconocen a sí mismas.

Los pueblos imazighen ocupan históricamente un territorio muy extenso y diverso, desde la fachada atlántica del Magreb hasta el oasis egipcio de Siwa y desde las costas mediterráneas hasta el Sahara y el Sahel. En este amplio espacio desarrollaron formas de vida adaptadas a entornos muy diferentes: agricultura en valles y llanuras fértiles, ganadería y pastoreo en las áreas montañosas, pesca en las zonas costeras y comercio entre el Mediterráneo, el interior del Magreb y las rutas transaharianas.

Melilla se encuentra en el Rif oriental, dentro del territorio histórico de Guelaya o Iqer’iyen. La población de esta región se organizó tradicionalmente en cabilas, entendidas como comunidades territoriales y estructuras de organización social y política. Las relaciones de parentesco, las alianzas familiares, las asambleas locales y el aprovechamiento compartido de los recursos ocuparon un lugar central en la vida colectiva.

Las mujeres han desempeñado un papel fundamental en la transmisión de la lengua, la memoria familiar, las canciones, los relatos, la gastronomía, las técnicas textiles y numerosos conocimientos cotidianos. Esta función no permite, sin embargo, definir de manera general a las sociedades amaziges como matriarcales. Su organización social es más compleja y presenta diferencias según la época, el territorio, las relaciones familiares y los contextos económicos y religiosos. Lo que sí puede afirmarse es que las mujeres han sido agentes esenciales en la conservación y renovación del patrimonio oral y lingüístico amazige.

A lo largo de la Antigüedad, el norte de África mantuvo relaciones continuas con fenicios, cartagineses, romanos y bizantinos. Estos contactos no provocaron la desaparición de las poblaciones autóctonas, sino procesos prolongados de intercambio, conflicto, adaptación y transformación cultural.

A partir del siglo VII, la expansión del islam introdujo cambios religiosos, políticos y lingüísticos de gran alcance. Las comunidades imazighen adoptaron mayoritariamente la religión musulmana, aunque conservaron sus lenguas, sus formas de organización y numerosas expresiones culturales propias. También participaron activamente en la historia de al-Ándalus y en la formación de importantes dinastías norteafricanas.

La ocupación castellana de Melilla en 1497 abrió una nueva etapa en las relaciones entre la ciudad fortificada y las cabilas del entorno. Durante los siglos siguientes se sucedieron enfrentamientos, asedios y periodos de relativa estabilidad. Incluso en los momentos de mayor tensión continuaron existiendo intercambios de alimentos, ganado, materiales y otros productos necesarios para el abastecimiento de la plaza.

La transformación de Melilla durante el siglo XIX favoreció una relación cada vez más estrecha con la población del Rif. La ampliación de los límites de la ciudad, su condición de puerto franco y el crecimiento del asentamiento civil impulsaron los intercambios y la llegada de comerciantes, trabajadores y proveedores procedentes del territorio circundante.

En el Mantelete, situado junto a las murallas y próximo al puerto, se concentraron tiendas, puestos y actividades comerciales que abastecían tanto a la población de la ciudad como a quienes acudían desde el Campo Exterior. El barrio se convirtió en uno de los primeros espacios de encuentro estable entre comerciantes musulmanes, judíos, cristianos e hindúes, anticipando la diversidad cultural que caracterizaría posteriormente a Melilla.

Durante las primeras décadas del siglo XX, las campañas militares, la actividad minera y el establecimiento del Protectorado español en el norte de Marruecos intensificaron las relaciones entre Melilla y el Rif. La ciudad se consolidó como centro militar, administrativo y comercial, mientras aumentaba progresivamente la población de origen rifeño.

Muchas familias se establecieron en barrios como el Polígono, Cabrerizas, la Alcazaba, Monte María Cristina o Reina Regente. En ellos crearon redes familiares, vecinales, laborales y religiosas que forman parte esencial de la historia contemporánea de Melilla.

La Guerra Civil, la etapa del Protectorado y la posterior independencia de Marruecos produjeron nuevas transformaciones políticas y sociales. Numerosas personas nacidas en Melilla o residentes en ella durante generaciones permanecieron durante décadas en una situación administrativa precaria, pese a formar parte efectiva de la vida económica y social de la ciudad.

La aprobación de la Ley de Extranjería de 1985 agravó esta inseguridad. Miles de melillenses de origen rifeño no tenían reconocida formalmente la nacionalidad española y quedaron expuestos a una situación de desigualdad jurídica. La respuesta ciudadana dio lugar a manifestaciones, acciones vecinales y reivindicaciones políticas en las que participaron activamente hombres y mujeres de los barrios melillenses.

Estas movilizaciones impulsaron un proceso de regularización y acceso a la nacionalidad española que modificó profundamente la realidad social y política de la ciudad.

La comunidad amazige constituye actualmente uno de los componentes fundamentales de la sociedad melillense. Su presencia no se limita a determinadas celebraciones o expresiones culturales, sino que forma parte de la historia urbana, la vida vecinal, la economía, la educación, la política, la creación artística y la identidad cotidiana de Melilla.

Su patrimonio continúa transformándose mediante el diálogo entre la herencia rifeña, la ciudadanía española, la vida mediterránea y las experiencias de las nuevas generaciones.

LAS CELEBRACIONES Y FESTIVIDADES

Las celebraciones de la comunidad amazige de Melilla reúnen expresiones culturales propias y festividades vinculadas al islam. Ambas dimensiones se encuentran relacionadas, pero no deben confundirse. La identidad amazige es histórica, cultural y lingüística, mientras que el islam es la religión mayoritaria entre la población melillense de origen rifeño.

YENNAYER O AÑO NUEVO AMAZIGE

Yennayer marca el comienzo del año en el calendario agrario tradicional utilizado por numerosas comunidades del norte de África. Su celebración tiene lugar a mediados de enero y se relaciona con la renovación del ciclo agrícola, la fertilidad de la tierra, la alimentación compartida y la expresión de buenos deseos para el periodo que comienza.

El cómputo contemporáneo de la era amazige se encuentra 950 años por delante del calendario gregoriano. Esta numeración toma como referencia simbólica el acceso al trono de Egipto de Sheshonq I, monarca de origen libio. Conviene diferenciar, por tanto, entre la antigüedad del calendario agrario y la adopción contemporánea de esta manera de numerar sus años.

En Melilla, Yennayer ha pasado progresivamente del ámbito familiar y asociativo al espacio público. Su programación reúne música, danza, gastronomía, artesanía, indumentaria y actividades relacionadas con la lengua y la memoria cultural. La Plaza de las Culturas y otros espacios de la ciudad acogen mercados, talleres, degustaciones y actuaciones abiertas al conjunto de la ciudadanía.

Entre sus manifestaciones destacan la música amazige, las danzas colectivas, las ululaciones festivas, la poesía oral, los talleres de henna y la preparación de panes, dulces, té y platos relacionados con la hospitalidad. Rituales escenificados como una boda tradicional permite mostrar la indumentaria, las joyas, la música y algunos de los rituales familiares vinculados históricamente al matrimonio.

Las asociaciones culturales y sociales participan en la preparación de alimentos, la organización de talleres y la explicación de las diferentes prácticas. La gastronomía se presenta así no solo como un producto que se degusta, sino como un conjunto de conocimientos transmitidos mediante la observación, la participación y la convivencia.

Yennayer constituye una de las principales expresiones públicas de la cultura amazige en Melilla. Además de su dimensión festiva, favorece la visibilidad del tamazight, el encuentro entre generaciones y el reconocimiento de un patrimonio compartido por toda la ciudad.

MORABITISMO

El morabitismo constituye una expresión religiosa y cultural de amplia presencia histórica en el Rif. Se articula alrededor de personas consideradas piadosas o dotadas de una especial virtud espiritual, cuya memoria queda vinculada a una tumba, un santuario o un lugar determinado.

A estos espacios se atribuye tradicionalmente baraka, entendida como bendición, protección o cualidad espiritual. Las visitas podían estar relacionadas con la oración, el cumplimiento de promesas, la petición de protección, la búsqueda de consuelo o la reunión de familias y grupos procedentes de distintos lugares.

Melilla y su entorno forman parte de una geografía religiosa compartida con el Rif. Los morabitos y las antiguas peregrinaciones muestran que las prácticas culturales de la ciudad no pueden comprenderse de manera aislada de las poblaciones circundantes.

La frecuentación y el significado de estos espacios han cambiado con el paso del tiempo. Algunas prácticas se conservan, mientras que otras permanecen principalmente en la memoria familiar. Su documentación requiere, por tanto, recoger los testimonios de las personas relacionadas con cada lugar y evitar presentar como generales unas creencias que pueden variar notablemente entre familias y sensibilidades religiosas.

RAMADÁN

Ramadán es el noveno mes del calendario islámico y conmemora la revelación del Corán al profeta Muhammad. Durante este periodo, las personas adultas que se encuentran en condiciones de realizarlo se abstienen de comer y beber desde el alba hasta la puesta del sol.

Además de su dimensión religiosa, Ramadán transforma la vida cotidiana de Melilla. La ruptura diaria del ayuno reúne a las familias alrededor de alimentos preparados especialmente para la ocasión. Las visitas, la hospitalidad, la oración, la ayuda a las personas necesitadas y la elaboración colectiva de platos y dulces refuerzan las relaciones familiares y vecinales.

Las recetas, los tiempos de preparación, la organización doméstica y las formas de recibir a familiares e invitados forman parte de un patrimonio transmitido principalmente mediante la práctica. Las calles, los comercios y los barrios adaptan sus horarios y ritmos a este periodo, que posee una notable presencia en la vida social de la ciudad.

EL IFTAR O RUPTURA COMUNITARIA DEL AYUNO

Cada jornada de ayuno durante el mes de Ramadán concluye al ponerse el sol con el iftar, término con el que se conoce la ruptura diaria del ayuno. Aunque posee una dimensión religiosa inseparable del Ramadán, el iftar constituye también una práctica familiar, vecinal y comunitaria en la que intervienen la preparación de alimentos, la hospitalidad, la solidaridad y el encuentro entre generaciones.

En Melilla, el iftar presenta una marcada dimensión identitaria. Su celebración comienza habitualmente en el ámbito doméstico, donde familiares de distintas edades se reúnen en torno a la mesa y participan en la preparación y el servicio de los alimentos. A través de estas reuniones se transmiten recetas, formas de organización, normas de hospitalidad, prácticas religiosas y recuerdos familiares asociados al Ramadán.

La ruptura del ayuno trasciende, no obstante, el espacio privado. Mezquitas, asociaciones de vecinos, entidades sociales, instituciones y otros colectivos organizan iftares comunitarios y solidarios. Estas celebraciones permiten compartir la mesa con personas que no pertenecen a la familia y, en ocasiones, con vecinos y representantes de otras comunidades culturales y religiosas de la ciudad.

Esta apertura convierte al iftar en Melilla en un espacio de convivencia. La invitación a personas que no practican el ayuno permite explicar el sentido del Ramadán, compartir alimentos y favorecer el conocimiento mutuo. La participación no queda limitada, por tanto, a quienes ayunan, sino que puede extenderse a amistades, vecinos, representantes institucionales y miembros de otros colectivos.

Las asociaciones vecinales desempeñan un papel especialmente relevante en esta dimensión pública. Las rupturas del ayuno se integran en programas que incluyen actividades culturales, infantiles y gastronómicas, talleres de repostería y encuentros desarrollados en distintos barrios. De esta forma, el iftar articula la vida familiar con la participación vecinal y proyecta el Ramadán sobre el conjunto de la ciudad.

La preparación de la mesa posee asimismo un importante componente culinario. Los alimentos no funcionan únicamente como acompañamiento material del ayuno, sino como medios de acogida, generosidad y transmisión cultural. Su elaboración moviliza conocimientos conservados principalmente en el ámbito familiar, aprendidos mediante la observación, la práctica compartida y la participación de niños y jóvenes.

El iftar favorece también las redes de ayuda. Durante el Ramadán se intensifican la entrega de alimentos, las invitaciones a personas solas o necesitadas y otras prácticas de solidaridad. Compartir la comida expresa la responsabilidad hacia familiares, vecinos y personas en situación de vulnerabilidad, reforzando los vínculos sociales y el sentimiento de pertenencia.

La UNESCO incluye el elemento denominado «Iftar/Eftari/Iftar/Iftor y sus tradiciones socioculturales» en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La inscripción reconoce su capacidad para fortalecer los vínculos familiares y comunitarios, promover la caridad, la solidaridad y el intercambio social, y transmitir conocimientos mediante la participación y la observación.

Esta inscripción corresponde a una candidatura presentada por Azerbaiyán, Irán, Turquía y Uzbekistán y no implica el reconocimiento específico del iftar de Melilla. Sin embargo, proporciona un marco internacional útil para comprender el valor patrimonial de las prácticas socioculturales asociadas a la ruptura del ayuno. En Melilla, ese valor se manifiesta especialmente en la reunión familiar, la participación de los barrios, la hospitalidad y la apertura de determinadas celebraciones a vecinos y miembros de otras comunidades.

Por estas razones, el iftar debe entenderse como una manifestación compleja que integra práctica religiosa, cultura alimentaria, transmisión familiar, solidaridad y convivencia intercultural. Su importancia patrimonial no reside únicamente en los platos servidos, sino en los conocimientos, relaciones, valores y formas de participación que se activan cada noche durante el Ramadán.

AID EL-FITR O AID EL-SEGHIR

El Aid el-Fitr, llamado también Aid el-Seghir o Pascua Chica, celebra la finalización del mes de Ramadán. La jornada comienza con la oración comunitaria y continúa con felicitaciones, visitas, reuniones familiares y comidas compartidas.

Los hogares preparan dulces y platos especiales, los niños reciben regalos o pequeñas cantidades de dinero y se renuevan los vínculos familiares y vecinales. La ayuda destinada a las personas necesitadas constituye una parte esencial de la celebración.

La fiesta reúne prácticas religiosas, culinarias y sociales. La preparación de alimentos, la elección de la indumentaria y la organización de las visitas se transmiten en el entorno familiar y contribuyen a reforzar el sentimiento de pertenencia.

AID EL-ADHA O AID EL-KEBIR

El Aid el-Adha, conocido también como Aid el-Kebir o Pascua Grande, recuerda la disposición del profeta Ibrahim —Abraham en la tradición bíblica— a cumplir el mandato divino y la sustitución final de su hijo por un animal destinado al sacrificio.

La festividad reúne la oración, el encuentro familiar, la preparación de alimentos y el reparto de carne. Una parte puede reservarse para el hogar, otra se comparte con familiares y amistades y otra se destina a personas necesitadas.

Alrededor de esta celebración se transmiten conocimientos culinarios, normas de hospitalidad, prácticas de solidaridad y formas de organización familiar. También constituye un momento de encuentro entre generaciones y de aprendizaje para los miembros más jóvenes.

MUHARRAM

Muharram es el primer mes del calendario islámico. Su comienzo señala el año nuevo musulmán y recuerda la Hégira, la emigración del profeta Muhammad y sus seguidores desde La Meca hasta Medina.

Tiene un carácter más sobrio que otras festividades y está vinculado a la reflexión, la memoria religiosa y el comienzo de un nuevo ciclo. Las formas de conmemorarlo pueden variar entre familias y corrientes religiosas.

MOULUD O MAWLID AL-NABI

El Moulud, denominado también Mawlid al-Nabi, conmemora el nacimiento del profeta Muhammad. Tiene lugar durante el mes de Rabi al-Awwal, tercero del calendario islámico, por lo que su fecha cambia cada año respecto al calendario gregoriano.

Las entrevistas realizadas para documentar el patrimonio inmaterial de Melilla conservan el recuerdo de una de sus manifestaciones más visibles: la colocación en las azoteas o techos de las viviendas de palos de los que colgaban pañuelos o telas de diferentes colores.

Esta ornamentación permitía reconocer las casas que participaban en la celebración y trasladaba la festividad desde el interior del hogar al paisaje del barrio. Los testimonios recogidos relacionan esta costumbre con el Moulud, aunque es necesario continuar documentando su denominación, significado y extensión entre las familias melillenses.

La preparación de la festividad podía incluir la limpieza y ornamentación de la vivienda, la elaboración de comidas y dulces, las visitas familiares y la reunión de distintas generaciones. En el ámbito religioso, el Moulud se relaciona con la recitación del Corán, las oraciones, el recuerdo de la vida y las enseñanzas del Profeta y los cantos en su alabanza.

También podían celebrarse reuniones familiares o comunitarias destinadas a transmitir a los niños y jóvenes relatos sobre la vida del Profeta y los valores vinculados a su ejemplo.

La colocación de palos con pañuelos de colores parece haber perdido presencia o visibilidad respecto a épocas anteriores. Sin embargo, permanece en la memoria de las personas entrevistadas y constituye un testimonio relevante de la forma en que las familias expresaban públicamente la celebración.

Las prácticas del Moulud no son uniformes. Algunas familias continúan conmemorándolo mediante reuniones, oraciones o comidas compartidas, mientras que otras han reducido o abandonado determinadas costumbres. Las diferentes interpretaciones religiosas sobre la conveniencia de celebrar el nacimiento del Profeta explican también parte de esta diversidad.

OTRAS MANIFESTACIONES DE SU PATRIMONIO INMATERIAL

El tamazight

El tamazight constituye uno de los elementos centrales del patrimonio cultural de Melilla. No se trata de una única modalidad uniforme, sino de un conjunto de variedades pertenecientes a la familia lingüística afroasiática. En Melilla predomina la modalidad rifeña o tarifit, vinculada al Rif oriental.

Durante generaciones, su transmisión se ha producido principalmente en el hogar y en las relaciones familiares y vecinales. Las madres, abuelas y otras mujeres del entorno familiar han desempeñado un papel decisivo en este proceso, junto con los relatos, las canciones, los proverbios, las fórmulas de cortesía y las conversaciones de la vida cotidiana.

Los estudios sociolingüísticos describen una presencia importante del bilingüismo en español y tamazight entre la población melillense de origen norteafricano. El español ocupa una posición predominante en la Administración, la enseñanza y buena parte de la vida pública, mientras que el tamazight mantiene una presencia especialmente significativa en los ámbitos familiar y comunitario.

Esta distribución plantea importantes dificultades para su transmisión. El descenso de su uso entre parte de la población joven, su reducida presencia en la educación reglada y la falta de espacios públicos estables pueden ocasionar una pérdida progresiva de vocabulario y competencia lingüística.

Las investigaciones más recientes indican que el español se ha consolidado como lengua predominante, especialmente entre las generaciones jóvenes.

Al mismo tiempo, una parte importante de la sociedad valora positivamente la convivencia entre español y tamazight como rasgo característico de Melilla. La lengua amazige fue reconocida por la Asamblea de la Ciudad como un componente inseparable del patrimonio cultural inmaterial común de la ciudadanía melillense. Los cursos, estudios sociolingüísticos, encuentros académicos y actividades culturales desarrollados posteriormente refuerzan las posibilidades de documentación, enseñanza y divulgación.

El principal reto no consiste únicamente en conservar palabras, sino en mantener los contextos en los que la lengua tiene sentido: las conversaciones familiares, la narración oral, los juegos infantiles, los conocimientos domésticos, la poesía, la música, las relaciones vecinales y la creación contemporánea.

Oralidad, música y poesía

La cultura amazige posee una importante tradición oral. Los relatos familiares, los cuentos, los proverbios, las adivinanzas y las fórmulas de consejo transmiten conocimientos sobre las relaciones sociales, el comportamiento, la naturaleza y la memoria del territorio.

Los izran, composiciones poéticas breves características del Rif, expresan emociones, experiencias personales, acontecimientos sociales y recuerdos colectivos. Tradicionalmente han ocupado un lugar destacado en las bodas, las celebraciones y las reuniones familiares, con una participación especialmente relevante de las mujeres.

La transmisión oral no se limita a conservar relatos antiguos. Cada generación selecciona, modifica y adapta los contenidos a sus propias circunstancias, incorporando nuevas experiencias relacionadas con la vida urbana, la emigración, las relaciones familiares o la identidad.

La música amazige también continúa transformándose mediante el diálogo entre los repertorios tradicionales y los lenguajes contemporáneos. Los artistas que utilizan el tarifit junto con el español y otras lenguas muestran una cultura que no permanece inmóvil, sino que se recrea en nuevos escenarios, géneros y formatos.

Gastronomía tradicional

La gastronomía amazige de Melilla comparte productos y técnicas con el Rif y con el conjunto del Mediterráneo. Los cereales, las legumbres, el aceite de oliva, las verduras, las frutas, el pescado, el pollo y la carne de cordero forman parte de una cocina estrechamente vinculada a los ciclos familiares y religiosos.

Entre sus elaboraciones más conocidas se encuentran el cuscús, los tajines de carne o verduras, los pinchitos, la harira, los guisos de legumbres, los panes elaborados en sartén o sobre superficies calientes y una amplia variedad de dulces preparados con harina, miel, semillas, frutos secos y especias.

El pan tradicional, denominado tachnift, tafnift o mediante otras variantes locales, constituye un conocimiento doméstico transmitido mediante la observación y la práctica. La textura de la masa, el tiempo de reposo y la temperatura de cocción se aprenden habitualmente sin necesidad de recetas escritas.

La cocina adquiere significados diferentes según el contexto. No se preparan los mismos alimentos para una comida cotidiana que para Ramadán, una boda, un nacimiento, una visita familiar o una festividad. Cocinar, repartir y servir expresan hospitalidad, solidaridad y pertenencia.

El cuscús constituye un ejemplo especialmente representativo. Los conocimientos, las técnicas y las prácticas relacionados con su elaboración y consumo fueron inscritos en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Su preparación se transmite principalmente mediante la observación y la práctica y se relaciona con la solidaridad, la convivencia y la comida compartida.

La gastronomía debe entenderse, por tanto, como un sistema de conocimientos, gestos y relaciones sociales, y no únicamente como una colección de platos.

Bodas y celebraciones familiares

Las bodas constituyen una de las expresiones más visibles de la identidad familiar amazige. Sus formas han cambiado y no todas las familias siguen los mismos rituales, pero continúan conservándose elementos transmitidos entre generaciones.

La celebración puede incluir la aplicación de henna, el intercambio de regalos, la exhibición de vestidos y joyas, la preparación colectiva de alimentos, las ululaciones de júbilo, la poesía oral, los cantos y la música. Las mujeres de la familia suelen intervenir de forma destacada en la preparación de la novia, la indumentaria, la cocina y la transmisión de las normas ceremoniales.

Las bodas se prolongaban tradicionalmente durante varios días. En la actualidad, su duración y desarrollo se adaptan a las circunstancias familiares, económicas y laborales. Algunas prácticas se conservan, otras se simplifican y otras se recuperan conscientemente como forma de afirmación cultural.

La música grabada, los salones de celebraciones, la fotografía profesional y las nuevas formas de indumentaria conviven con elementos heredados. Esta combinación muestra cómo cada generación selecciona, adapta y dota de nuevos significados a las tradiciones recibidas.

Indumentaria, joyería y henna

La indumentaria festiva constituye otro importante ámbito de expresión cultural. Los vestidos, cinturones, pañuelos, bordados y joyas pueden comunicar la edad, la situación familiar, la procedencia o el carácter de la celebración. Su uso destaca especialmente en bodas, Yennayer y otros actos culturales.

La henna se aplica principalmente en manos y pies con motivo de bodas y celebraciones familiares. Los diseños y las técnicas se transmiten mediante mujeres especializadas o familiares con experiencia.

Frente al retroceso del tatuaje facial permanente que llevaron algunas mujeres rifeñas de generaciones anteriores, la henna conserva vitalidad como práctica temporal, estética y ceremonial.

Los antiguos tatuajes amaziges forman parte de la memoria corporal de numerosas familias. Su desaparición progresiva responde a cambios religiosos, sociales y estéticos, aunque actualmente despiertan un renovado interés como fuente para conocer la identidad, la trayectoria y las experiencias de las mujeres rifeñas.

OFICIOS TRADICIONALES

El comercio ha desempeñado un papel destacado en la historia de la comunidad amazige de Melilla. Desde el siglo XIX, comerciantes y proveedores procedentes del Rif abastecieron la ciudad con alimentos, ganado, carbón, productos agrícolas y artículos de uso cotidiano.

Los mercados y establecimientos del Mantelete constituyeron algunos de los principales espacios de intercambio entre la ciudad fortificada, los nuevos barrios y el territorio circundante. Con el crecimiento urbano, numerosas familias desarrollaron actividades relacionadas con los bazares, las especias, la alimentación, los tejidos y el pequeño comercio.

Las tiendas de proximidad adquirieron una importancia especial en los barrios. Además de su función económica, actuaron como lugares de conversación, información, confianza y relación vecinal. La continuidad de algunos establecimientos familiares permitió transmitir conocimientos sobre proveedores, productos, atención al público y redes comerciales.

Estos oficios no deben presentarse como ocupaciones exclusivas ni definitorias de toda la comunidad. La población amazige participa actualmente en todos los sectores profesionales, educativos, empresariales, administrativos, culturales y políticos de Melilla.

Junto al comercio, forman parte de su memoria los trabajos relacionados con la agricultura, la ganadería, la pesca, la construcción, el transporte, el servicio doméstico y los oficios desarrollados históricamente entre Melilla y el Rif.

Algunas de estas actividades han desaparecido o se han transformado, pero sus conocimientos permanecen en los relatos familiares, las fotografías, las herramientas conservadas y la memoria de quienes las practicaron.

La documentación de estos oficios no debe limitarse a las técnicas o los productos. También permite conocer dónde aprendieron sus protagonistas, cómo transmitieron sus conocimientos, qué relaciones establecieron con otras comunidades y de qué manera contribuyeron a la formación de los barrios y a la vida intercultural de Melilla.

La cultura amazige de Melilla no es una realidad inmóvil ni vinculada exclusivamente al pasado. Su patrimonio está formado por prácticas heredadas y por las decisiones mediante las que sus portadores las conservan, modifican y transmiten. La lengua, las celebraciones, la memoria oral, la gastronomía, la música, las relaciones familiares y las actividades cotidianas continúan dando forma a una cultura viva y en permanente transformación.